Pocas personas me han provocado tanto como me provocaba Aurora, Era(es) descarada, pizpireta, provocona, tentadora y una loca de mucho cuidado.

Me calentaba tanto que terminaba perdiendo las pocas luces que por aquella época tenía y eso que nunca llegue con ella a “consumar”, éramos unos críos y era otra época, y aparte de un torpe y patético intento de estreno, que explicaré en otra ocasión, lo nuestro se quedaba en magreos, juegos y tocamientos, pero fue una época de descubrimientos que recuerdo con cariño.
Estaba loco por aquella loca Canija.

El padrastro de Aurora y su madre trabajaban de pintores, y la dejaban al cargo de sus hermanos pequeños por la mañana, yo iba a su casa bien temprano y esperaba escondido frente al portal a que salieran, entonces yo subía, a poca cosa, los dichosos niñatos eran de poco dormir y tenían una fijación en no dejarnos un segundo de intimidad. Pero bueno, pasaba la mañana con ella y era suficiente, os recuerdo que estaba enamorado.

Un dia anuncio, para provocarme, de una manera muy teatral que se iba a duchar, admito que intente colarme en aquel cuarto de baño, pero, entre risas y forcejeos fue mas rápida. Así que me quede en el sofá del salón viendo el canal de televisión que los monstruos de sus hermanos, sentados en cojines a mis pies, decidían poner en el televisor.

Entonces salio del baño, con el pelo mojado y vestida únicamente con una toalla que, estoy seguro, recuerdo mucho mas pequeña de lo que era. Se dedico a su deporte favorito que era calentarme hasta que perdía el control, paseandose por delante mio, fingiendo ir a buscar su ropa, coger el secador, abriendo astuta de vez en cuando la toalla para recolocarsela y dejando ver de refilón su cuerpo aun mojado, provocando la protesta de sus hermanos cuando les tapaba la visión del televisor y, a pobre de mi, una redistribución de la presión arterial de la que mi cuerpo disponía.

En ese momento, el televisor empezó a sonar, a un volumen típico cuando son niños los que controlan el mando, la reconocible sintonía de inicio de la serie “El equipo A” , se recolocó una vez mas la toalla exclamando un “dejalo ahí, que me encanta” el cual no levanto ninguna protesta en sus hermanos y se sentó, pizpireta y traviesa, en mi regazo, teniendo el detalle de, separar ligeramente la tela para que, fuese su piel, y no la toalla, la que se entrara en contacto con mis piernas, provocando que mi corazón se parase durante un instante solo para empezar a galopar desbocado un momento después.

Así que, mientras ella fingía interesarse por las penurias que unos matones a sueldo del terrateniente local infligían a un pobre granjero y a su despampanante hija, mi mano se coló bajo la toalla para, primero de una forma tímida y delicada, y después mas osada y aventurera, mis dedos hicieran un preciso mapa de todos y cada uno de los pliegues, huecos y recovecos de la intimidad de aquella tentación. Me recibió con facilidad, espectante y húmeda, suave, receptiva, llegando un momento en el que mi trabajo era mínimo, siendo ella la que, moviendo disimuladamente sus caderas, buscaba su propio placer y mi perdicion, mientras a menos de un metro de nosotros, sus hermanos miraban embelesados las peripecias de un grupo que, acusados injustamente por un crimen que no habían cometido, sobrevivían como soldados de fortuna.

A medida que avanzaba el episodio y empezaba a perfilarse el plan de los héroes, los movimientos de ella fueron acelerándose, yo hacia todo lo posible para que mis dedos estuvieran lo mas dentro de ella mientras su humedad resbalaba por la palma de mi mano y ella ahogaba gemidos, cada vez mas descarados, los cuales no llamaron la atención por el alto volumen del televisor, aunque llego un momento en el que, la prudencia desapareció y prácticamente cabalgaba sobre mi mano, ojos en blanco, cabeza atrás y la toalla abierta mostrando aquel delicioso cuerpo que me volvía loco, de pronto se tenso, parecía estar a punto de romperse en dos, la boca abierta en un rictus dirección al techo, el vientre duro, sus uñas clavadas hasta hacer sangre en mi hombro y sus caderas apretando inmisericordes empeñadas en hacer desaparecer mi mano dentro de ella, y justo cuando una gran explosión desbarataba los planes del malvado cacique local, ella elevo un aullido que animo a sus hermanos a vitorear la azaña de aquellos héroes proscritos y, justo después de que un torrente de humedad mojara mi mano, mi antebrazo y la pernera del pantalón, cayo sobre mi, desmadejada como una muñeca de trapo, jadeando sin aliento mientras escuchaba como mi corazón intentaba, con verdadero ahinco, salirse de mi pecho.

Acabado el episodio, y mientras sus hermanos iniciaban una discusión encendida sobre que programa verían a continuación, ella se sentó a horcajadas sobre mi, con la toalla ya olvidada en el suelo, su pelo mojado sobre la cara, el pecho desnudo intentando volver a una cadencia normal y esa expresion en la mirada que solo una mujer tiene después del sexo, me beso de la forma mas cariñosa y húmeda que me habian besado hasta aquel momento y me susurro al oído un, me consta que sincero, te quiero.

Aquella relación, como pareja no cuajo, pero he tenido la suerte de que Aurora se convirtiera en una de mis mas grandes amigas, la adoro y es caso una hermana para mi, pero después de todos estos años, no puedo evitar cada vez que reponen algún episodio de El equipo A en televisión, este me provoque una indiscreta erección y, curiosamente, se me duerma la mano.

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Publicado por Susurrador

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