Todos los veranos pasábamos unos días en un pueblo de Cadiz llamado Conil de la frontera, tengo entendido que ahora se ha convertido en el típico pueblo para turistas, pero en aquella época era el paraíso.

Salias hasta tarde, te levantabas a las tantas y hacías vida en el chiringuito, que era una especie de cuartel general. Las playas del sur son de ensueño, la luz, las casas blancas, el pescado…. Ay…

Aquel año, la moda de la pandilla era que había que tener novia, si o si,así que todos estaban con alguien y a mi me toco con Tina Estrella…. Una rubia altísima de obtuso padre español y valkiria madre alemana. Se que todos os habréis hecho una imagen de la muchacha y habréis pensado: una alemana, que suerte… Nada mas lejos de la realidad. Tina había sacado de su madre la altura, me sacaba una cabeza y eso que yo soy alto, un pelo rubio precioso, una tez blanca moteada de pecas por el sol…. Y ya esta, el resto de atributos los había sacado de su padre, ceño fruncido, espaldas anchas y brazos de camionero, mas que una valkiria era un vikingo con tetas, enormes, eso si, tenia unas tetas descomunales para una chica de su edad. Además no hablaba ni una palabra de español, y eso que tenia un padre de Cadiz, pero claro, aquel zopenco tampoco se le entendía cuando hablaba. El caso es que, aunque no entendía ni una puñetera palabra de lo que me decía aquel cachalote, eso no le impedía hablar por los codos, me hablaba a todas horas, de una manera decidida y enérgica, a lo cual yo respondía asintiendo con tímidos movimientos de cabeza. Cuando oyes hablar a un extranjero y no entiendes su idioma, hay momentos en los que, por la expresión, los gestos o alguna palabra o entonación que te suene puedes llegar a entender en parte lo que aquella persona quiere decirte, pero con Tina no me pasaba eso, no le entendía ni una puñetera palabra, nada, absolutamente nada, pero me hablaba como si yo fuese del mismo pueblo que ella.

Me hablaba, me gesticulaba, y de vez en cuando, se callaba de pronto y me besaba, no me gustaba como besaba, era… Ansioso, bruto… No se… Pero como narices le decía yo a eso que no? Me daba miedo… Así que me dejaba hacer.

Una noche, casi al final de las vacaciones, estábamos la pandilla sentados en el paseo marítimo comiendo un helado y viendo pasar a la gente cuando de pronto Tina de puso en pie, soltó una de sus parlotadas que acabo con una entonación como de pregunta, a lo que se quedo en silencio mirándome, como esperando una respuesta… Dude sin saber que coño me estaba diciendo y al final, tímidamente, asentí con la cabeza y susurré un “Aha”, que era mas una pregunta que una afirmación. Parece ser que aquella era la contestación que esperaba porque de pronto su cara se ilumino, sonrió con una expresión parecida al gato de Alicia en el país de las maravillas y me agarro de la mano y empezó a tirar de mi en dirección a la playa. Hablaba de una manera apresurada y y caminaba deprisa, decidida, la gente se apartaba al ver venir a aquel tren de mercancías conmigo detrás, apenas tocando el suelo y con cara de susto. Llegamos a una zona donde hay unos locales comerciales que están a pie de playa, me arrastro hasta la parte de atrás donde un entramado de pilares mantenían aquellas edificaciones a un par de metros sobre la arena, me empujo a la oscuridad de aquella cueva artificial y allí empezó a besarme con aquel ansia característico. Yo me dejaba hacer con cara de susto y sin atreverme a cerrar los ojos, miraba por el rabillo hacia la parte iluminada de la arena con la esperanza de ver aparecer a alguien que nos reprendiera por estar allí, nadie se apiado de mi.

Me agarro las manos y me las puso sobre su pecho mientras, la palabra exacta era, me magreaba. No se como me encontré sin camiseta y con el pantalón medio bajado, cuando se separo de mi y volvió a preguntarme algo, creo, y quedo a la espera de una respuesta… Asentí otra vez sin saber que narices debía contestar mientras me sujetaba los pantalones para evitar que cayeran a mis tobillos. Por su expresión, la respuesta era la esperada y, con un diestro movimiento se quito el vestido, después se desabrocho el sujetador y yo me quede con la boca abierta y los ojos de par en par, como un conejo cuando un coche le hace luces, eran mis primeras tetas, bueno, había visto algunas en la playa, pocas la verdad, porque el topless aun no estaba bien visto en la España de aquellos días, así que aquello me hipnotizo, eran enormes, con una aureola que oscura y grande. El momento mágico duro poco, se abalanzo sobre mi con una expresión feroz en su cara y de un empujón me tiro sobre la arena, mi cabeza golpeo con algo duro y una punzada de dolor me hizo encojerme mientras veía como se despojaba de sus bragas y se subía sobre mi, cerré los ojos con la imagen de aquella mata de vello púbico rubio grabada en mi pupila.

Hubieron momentos de placer, no lo negare, pero fueron ínfimos, en algún momento mis pantalones y mis calzoncillos hicieron compañía a la ropa de ella y me encontré con un enorme montón de carne pálida, que brillaba a la luz de la luna, restregandose sobre mi, resoplado como una marsopa varada en la arena. No se si estuve dentro de ella en algún momento, todo era carne, pliegues, bultos, sus enormes tetas sobre mi pecho, su cara sobre la mía, colorada como un tomate y con la expresión contraída que recordaba mas al esfuerzo que al placer. En un momento dado acelero sus embistes y empezó a jadear alto, demasiado alto, elevando el tono y la velocidad de sus movimientos hasta que se convirtió en un verdadero aullido que, de no ser por el ruido de la feria y las cercanas y abarrotadas terrazas, habrían llamado la atención de alguien. Entonces su cuerpo dio un par de estertores y se derrumbo exausta sobre mi.

Yo no podía respirar, tenia calor y ganas de llorar, en serio, pasado lo que a mi me pareció una eternidad ella se separo ligeramente de mi, miro hacia abajo y agarro mi miembro que, increíblemente, se mantenía erecto y me volvió a preguntar otro galimatial al cual, tras la pausa de duda de rigor, tal vez por su expresión esta vez conteste negativamente moviendo la cabeza de lado a lado. Ella sonrió y me dijo algo, tras lo cual bajo para, he de reconocer, hacer que viera el cielo.

Al día siguiente me entere que la familia de tina habían regresado esa misma mañana a Alemania, tal vez era lo que me decía en alguna de sus locuciones, no lo se. Pocos días después nosotros también regresamos a Barcelona.

Después de aquello, durante un buen tiempo, cuando me preguntaban si yo era virgen, contestaba con un “la verdad, no estoy seguro”…

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Publicado por Susurrador

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