El servicio militar lo hice en Colmenar Viejo, en Madrid, y por las tardes, una vez acabados nuestros haceres, bajábamos al pueblo y frecuentábamos un bar musical que no estaba mal del todo, las bebidas eran económicas, la música buena y las chicas…

Yo estaba medio liado, medio ennoviado, siempre peleado con Queque, una rubia con alma de artista y bonitas tetas, a la que odiaba y necesitaba a partes iguales. Y con la que pasaba la mitad del tiempo en aquel bar y la otra mitad en una pensión que hacían la vista gorda si subías a una chica menor de edad (yo tenía los 18 recién cumplidos, no penséis mal)

Cada vez que teníamos ocasión, cogíamos una habitación concreta, nuestra favorita, tenía una cama enorme, cuando digo enorme, es enorme, podían dormir 5 personas sin molestarse mucho, y otra cama, esta ya normal, pegada a la pared. Lo malo es que, había que pagar, como es lógico, el triple, así que solíamos alquilar entre varios y nos la íbamos turnando.

La mayoría de las discusiones que Queque y yo teníamos eran, casi siempre por el mismo tema, Rosa. Rosa era la muy amiga querida casi hermana de Queque, su inseparable escudera, callada e introvertida, huraña y poco amigable, un coñazo, vamos. No se separaban nunca, era una pesadilla, era un tormento buscar un momento de intimidad con Queque, siempre estaba Rosa para fastidiar el plan, no se despegaba ni con agua caliente, lo que desarrolló una aversión por ese mal bicho que era correspondida, nos llevábamos a matar, y Queque siempre se ponía de su parte.

Eran las fiestas mayores del pueblo y teníamos permiso de fin de semana, así que en vez de volver a casa decidimos entre tres alquilar la habitación y pasárselo bien. La verdad es que el ambiente erabuenísimoo, la gente se agrupaba en peñas, todos con la misma camiseta, y competían para ver quien montaba el sarao mas loco, había musica y bebida por todos lados, una orquesta bastante buena en la plaza del ayuntamiento y autos de choque y casetas de tiro en la alameda. Me lo estaba pasando de muerte y Queque estaba pillando con la sangría un puntito muy cariñoso. Justo cuando la tenía casi convencida para irnos a la habitación, nos avisaron de que Rosa no se encontraba bien, lógicamente el pedo cariñoso de mi chica no pudo con la relación de dependencia que tenía con aquella revienta planes y salió rauda al rescate, yo no tuve más remedio que seguirla.

El “no se encuentra bien” era un eufemismo, la susodicha llevaba cogorza descomunal, estaba en el suelo desmadejada frente a un charco de vómito rojizo, blanca como la leche, mientras una amiga le sujetaba el pelo, otra le daba friegas en la espalda, otra le daba golpecitos en la espalda, otra decía que la levantaran y la hicieron andar, otra que no la movieran y el resto de la congregación aconsejaban un café con sal, agua fresca y mil remedios más. Lo que necesitaba aquella chica era, después de haber vomitado toda la ingesta como había hecho, dormir la mona. Eso y la preocupación de Queque de que alguien conocido la viera en ese estado y llegara a oídos de sus padres nos hizo decidir el subirla a la habitación de la pensión. Allí la sometimos a una ducha fría medio vestida, que más que espabilarse la hizo amodorrarse más. Pedro, el compañero con el que había alquilado a media el picadero me miraba con cara de “se nos ha jodido la fiesta, y es culpa tuya” al que yo respondía con mirada de “pero que quieres que haga?”, así que dando por perdida la noche en lo que encuentros románticos se refieren, los dos nos marchamos de la pensión mientras mi chica y la de el desnudaban, secaban y vestían con una de mis camisetas a la infame aguafiestas para meterla en la cama a dormir la mona, dispuestos a, por lo menos, terminar de aprovechar la noche con otras diversiones.

Estábamos tomando algo en la verbena que una de las peñas había montado en una plaza cuando se presentó la chica de mi compañero para explicarnos que tanto mi chica como su amiga roncaban como marmotas, dando por hecho mi compañero que, la su parte de la pensión me tocaba pagar a mi y que él ya se buscaría la vida para ver donde dormir, mientras miraba pícaro a su chica.

Con las ganas de fiesta apagadas por el panorama y viendo que molestaba en lo cariñosos que se ponían mis acompañantes, decidí dar por terminada la fiesta mayor e irme a dormir. Entre en la habitación sin encender la luz y una vez mis ojos se acostumbraron a la penumbra pude distinguir el bulto que era la amiga de mi chica en la cama supletoria y a Queque en la grande, me desvestí rápidamente y me metí en la cama para recibir un desaire malhumorado y un dejame que tengo sueño, cuando intente buscar algo de cariño por parte de mi chica, así que me concentre en la difícil tarea de conciliar el sueño con un dolor de escroto considerable y el ruido que desde la calle hacían los juerguistas supervivientes.

A los que les han empezado a hacer el amor cuando aun están dormidos sabrán esa sensación en la que la realidad y el sueño se mezclan pasando de un estado a otro despacio y poco a poco, así que cuando salí del sueño en el que mi chica había decidido que dormir no era la mejor opción y que era hora de divertirse me costo un tiempo reconocer plenamente la realidad que no era otra que la amiga de mi chica se encontraba desnuda a horcajadas sobre mi, moviéndose lentamente y con la mirada perdida mientras hacia que yo entrara y saliera de ella. Intente zafarme de ella apartándola de mi sin el mas mínimo éxito, mezcla de su férrea intención y el poco empeño que yo había puesto en la protesta, pues, si bien es cierto que era consciente de que aquello no estaba bien, estaba medio dormido, la sangre no estaba precisamente en mi cabeza y, que coño, tenia 18 años y Rosa, pese a ser una imbécil de cuidadosa, me di cuenta de que tenia un cuerpo muy apetecible.

Gire mi cabeza para comprobar que Queque dormía profundamente de tumbada de lado junto a mi, ajena a que su intima amiga y su chico estaban buen unidos a menos de medio metro de ella. Me deje llevar rindiendome al placer que, pese a la cadencia pausada y cansina de mi amazona, esta me estaba provocando, concentrándose en intentar acallar los suspiros y gemidos que pugnaban por salir de mi boca. Mi vista saltaba una y otra vez de la increíble visión de los pechos subiendo y bajando de rosa frente a mi y la plácida cara de Queque en brazos de Morfeo a la que miraba con el temor de que, en cualquier momento despertara. Aquello no duro mucho, en aquella época yo podía presumir de ser un arma de repetición, pero de ráfagas cortas, así que, cuando poco después Rosa se puso rígida sobre mi, y puso los ojos en blanco con una expresión de puro placer en su cara, señal de que llegaba al clímax y aun así, sin proferir ni el mas mínimo sonido por su parte, me rendí a lo inevitable descargando de una manera casi dolorosa y no pudiendo evitar que escapara un quejido de mi garganta. Mientras intentaba salir de ese estado entre excitado y rendido en el que entramos los hombres después de corrernos, Rosa me saco de dentro de si con la misma asepsia e impasividad que había derrochado durante todo el acto, alejándose de mi sin decir ni una sola palabra y regresando a su cama en la que se acostó desnuda dándonos la espalda. Yo me gire hacia Queque una vez mas para descubrir, dándome un vuelco el corazón que tenia los ojos de par en par y me miraba fijamente. Cuando mi boca estaba decidiendo que clase de excusa o explicación y disculpa soltar, me di cuenta que sonreía, una extraña expresión antagónica al enfado que yo hubiera esperado. Se acerco a mi y acalló cualquier tipo de comentario por mi parte con un cariñoso beso, se acurrucó abrazada a mi y se quedo dormida.

Duramos como pareja bastantes meses mas, pero jamas salio el tema, no vi pie para sacarlo y algo me decía que era mejor así. Mi relación con Rosa no cambio ni un ápice, seguía comportándose conmigo como la imbécil que era y nunca note diferencia en ella después de aquella noche. No se si aquello fue algo pactado, premeditado o esperado, jamas supe cuanto tiempo despierta mi chica y la razón de porque su amiga hizo lo que hizo. Pero hay cosas que es mejor no saber.

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Publicado por Susurrador

Escribo por pura diversión

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