Mi coche está cerca- me dijo -Voy a conectar la calefacción en casa, así estaremos a gusto- mientras consultaba algo, al parecer, terriblemente importante, en su móvil último modelo, con pantalla Qhd, LTE y forceTouch, que, según me explicó durante el camino, controlaba a distancia el sistema domótico de su casa.

Resuelto el tema de la temperatura de su hogar, me guió resuelta hasta un parking del centro, bajó hasta la segunda planta y allí recogió su flamante coche, un vehículo híbrido de última generación, el cual se abrió automáticamente al detectar la llave electrónica que su propietaria llevaba en el bolso. Se acomodó en el asiento del piloto invitándome a ocupar el del acompañante. El coche se puso en marcha sin introducir ninguna llave, sólo pulsando un llamativo y redondo botón del salpicadero. En la pantalla central táctil, un sistema gps marcaba nuestra situación en el mapa mientras alternaba la información de la música que estábamos escuchando.

-¿Tienes condones?- me preguntó -en casa no me quedan-

Ante mi respuesta negativa, hizo una búsqueda en la pantalla táctil del silencioso vehículo el cual le indicó el camino a una farmacia abierta las 24h donde pagó los preservativos con su tarjeta Contactless incluido en el servicio wallet de su móvil.

Al llegar al parking de su edificio, este se abrió al leer, el sistema automático, la matrícula del coche, encendiendo las luces necesarias desde la plaza asignada hasta el modernísimo y elegante ascensor que nos llevó hasta su ático, el cual abrió con un sistema de huella dactilar.

La vivienda era amplia, minimalista, el sistema domótico detectó nuestra presencia y encendió las luces. Ella trasteó con un mando a distancia y una música suave inundó la estancia. Me ofreció una bebida que acepté, llenó unos vasos con el hielo que le dispensó un surtidor en la nevera y apuntó, en la pantalla táctil de esta, que había que comprar limones al descubrir que no quedaban.

Empezamos a besarnos y cuando me invitó a ir a su habitación le dije que antes debía ir al baño. -te espero en la cama- me dijo pícara indicándome donde estaba el aseo y caminó hacia su habitación tecleando algo, seguramente un whatsapp.

La luz del cuarto de baño se encendió en cuanto detectó mi presencia, sólo tuve que pasar el dorso de la mano por el detector adecuado para que descargara la cisterna y, al colocar mis manos bajo el grifo, éste me obsequió con un chorro de agua a la temperatura perfecta. Antes de salir me fijé que, en el lugar donde normalmente yo (y cualquiera) tiene las revistas, había un iPad.

Recorrí el pasillo por el que había visto alejarse a mi amante esquivando un robot Roomba que barría silenciosamente y la encontre desnuda, muy bella, tumbada en la cama, con la mirada fija en la pantalla de su móvil mientras tecleaba frenéticamente. Esperó unos segundos cuando detecto mi presencia, lo justo para terminar de digitar lo que fuese que estuviera escribiendo. Dejó el terminal sobre la mesita y centró toda su atención en mí, me ayudó a desvestirme mientra me besaba y acariciaba, logrando que me excitara sobremanera. En un momento dado se separo de mi -Espera, espera, tengo algo que podemos usar para jugar- y rebuscando en el cajón sacó un reluciente vibrador, de ergonómico y moderno diseño, que refulgió momentáneamente bajo los focos LED

-En ese momento salí de la cama, me vestí apresuradamente, recogí mi obsoleto movil del suelo enmoquetado y sali a mi analogica vida… Todo tiene un limite

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Publicado por Susurrador

Escribo por pura diversión

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